Hace mucho tiempo se decía que la iglesia era para las mujeres, a los hombres se les veía poco y su participación era todavía menor.
Quizá mucho del ausentismo de los hombres en la iglesia, se debía a que no encontraban su lugar ahí porque están acostumbrados a andar en grupos y la iglesia pocas veces propicia un ambiente masculino en el cual los hombres se puedan identificar y desarrollar un nuevo sentido de pertenencia.
Es importante recordar que los hombres vienen de una vida de represión emocional, en la cual, a menos que Dios intervenga, ellos continuarán reprimiéndose. Es por ello que la Iglesia tiene la responsabilidad de trabajar en conjunto con los hombres para que experimenten una nueva vida, por medio de un acercamiento y acompañamiento espiritual.
Debe establecerse en ellos un nuevo sistema de valores, en el cual ellos son imagen de Dios, creados con un propósito que es alcanzable con la guía y la ayuda de Dios.
A continuación ofrecemos algunas ideas que nos han dado resultados positivos:
Convocarlos a una reunión exclusiva para hombres: será una actividad de comunión en la cual se les hablará del Señorío de Cristo para enderezar sus caminos hacia prácticas que les devuelven su sentido de valor y autoestima.
Semanalmente, reunir a los hombres donde podrán compartir testimonios aquellos que han sido restaurados, lo cual servirá de inspiración a los demás. En estas reuniones se abre el espacio para escuchar a los asistentes con el objetivo de ayudarlos a resolver sus preguntas. Cada semana se abordará un tema relacionado con las problemáticas individuales de los hombres y se ofrecerá el consejo de Dios por medio de su Palabra como respuesta a cada tema.
Para la cotidianidad: Con el objetivo de reorientar las prácticas de vida de estos hombres, se deberá cubrir temas en cuanto a la sexualidad masculina desde la perspectiva espiritual, en la cual podrán ser sanados y guiados a mantener prácticas sexuales agradables a Dios.
Organizar paseos con fines recreativos y evangelísticos, los objetivos primordiales son: enriquecer la vida de los que andan en el Señor e invitar a otros para que conozcan de Cristo por medio de devocionales. Adicionalmente, la recreación ofrece espacios para interactuar y desarrollar relaciones fructíferas entre los hombres. Estos paseos podrían ser mensuales o bimensuales, puesto que pocas veces la Iglesia provee de estos espacios en sus horarios de reunión. Se puede combinar la práctica de deportes con talleres sobre diversos temas.
Formación de líderes: los hombres deberán ser involucrados en un proceso de formación para obtener un efecto multiplicador, lo cual les permitirá desarrollar sus dones y ponerlos al servicio del Señor y de otros hombres en su comunidad.
Talleres: Las necesidades humanas son múltiples, pero hay algunas que son clave para el mundo en el que vivimos, por tanto, la organización de talleres debe abarcar temas diversos como los siguientes:
Economía: cómo manejar el dinero, principios de mayordomía, elaboración de presupuesto familiar
Prioridades: Cómo establecerlas, en el nivel espiritual, personal, familiar y laboral.
Paternidad Responsable: Va más allá del soporte financiero, tiene que ver con la imagen de Dios que proyectamos.
Relaciones de Pareja: El rol del hombre y su responsabilidad en el proceso de sanar relaciones dañadas y mantenerse en esa sanidad.
Consejería pre-matrimonial
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