jueves, 11 de marzo de 2010

METAS LABORALES

Un líder llamado por Dios juega un papel importante en la vida de sus discipulos, porque cada persona que acepta a Cristo es llamada por Dios para influenciar a otros. La palabra de Dios dice lo siguiente en Lucas 6 : 40 El discípulo no es superior a su maestro: mas todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro.

Por eso, amado líder que fuiste llamado por Dios para guiar a hombres que forman parte de la Iglesia del Señor, tienes la responsabilidad de ayudar a estos hombres a enfocarse y trazar metas, tanto espirituales y familiares como laborales, para que las puedan alcanzar; sobre todo en un año que comienza y en el cual la estabilidad laboral y financiera, según el mundo, va ha ser la prolongación de lo que se vivió en el 2009. Es decir, que este 2010, según el mundo, sera un año de incertidumbre y de poca esperanza, pero los hombres que han sido llamados para servirle al Señor saben que sus sentidos espirituales están desarrollados para ver más allá de lo que el mundo dice y de cómo se mueve.

Esa capacidad de ver más allá, está sustentada en la palabra de Dios, la cual se refleja en sus vidas, pues caminan tomados de la mano de Dios, salen avantes en medio de las circunstancias y eso es prueba contundente del poder de Dios, de tal modo que sus discípulos pueden ser afianzados y establecidos en la fe de nuestro amado Dios, con la certeza que pueden, proponerse metas, que con la ayuda del Señor y el empeño y disciplina que le agreguen seran alcanzadas.

Cómo lograr las metas

Es importante que como líder de la Iglesia del Señor, en las primeras reuniones del año ayudes a impulsar a cada uno de los discipulos a expresar sus deseos y establecer cuáles de esos deseos se convierten en metas y que las escriban. Es importante recomendar que se enfoquen en ellas, identificando los pasos que deberán dar, lo que deberán dejar de hacer, si es que realmente se comprometen a lograr sus metas. También es vital revisarlas constantemente para que observen el progreso de las mismas y replantear lo que sea necesario.

En alguna medida, todos tenemos sueños, deseos y aspiraciones que de repente consideramos inalcanzables, a veces vemos aquellos anhelos como imposibles, porque nos encontramos rodeados de circunstancias adversas, pero hay buenas noticias para los que Esperan a Jehová, tendrán nuevas fuerzas, levantarán alas como las águilas; correrán y no se cansarán; caminarán y no se fatigarán.

Para alcanzar algunas metas hay que luchar, otras resultan más fáciles de lograr. Sin embargo, el Señor promete que si encomendamos a él nuestro camino, él enderezará nuestras veredas.

Es importante que las metas sean claras y pocas en cantidad cuando se están empezando a trazar, porque el progreso lento en el alcance de muchas metas, llega a producir frustración.

Es fundamental trazar una progresión gradual de las metas que pueden ser a corto, mediano y largo plazo, para que sean fáciles de ver. Corto plazo puede ser de 1 a 2 años, mediano plazo puede ser a no más de cinco años y a partir de ahí, podemos hablar de largo plazo.

Estas son algunas sugerencias que les ayudarán a la hora de plantear las metas:

1. Enfoque del pensamiento en aquello que desea ardientemente.

2. Ore, pidiendo la ayuda de Dios para lograr sus metas

2. Escribir el plan, cómo lograrlo.

3. Fije plazos para su ejecución.

4. Confíe en usted mismo y en las habilidades que el Señor le dio.

5. Desarrolle una determinación inquebrantable de seguir adelante.

6. Céntrese en la realidad, mida los momentos, pero no se detenga por las circunstancias.

Para ver hombres transformados en nuestra congregaciones y logrando el éxito en sus vida, es necesario: Llevarlos a que sean concientes de lo que significa la vida de Cristo en ellos y así podrán desarrollar un plan personal de éxito, en el cual están implícitas, la constancia, la disciplina y una correcta actitud.

Es importante hacerles ver que el éxito no llega solo ni por casualidad, hay que invertirle grandes esfuerzos, entusiasmo y una gran convicción de saber lo que se desea, y la voluntad de hacer las cosas.

¿Cuándo un Hombre …..…...SIRVE?


Cuando ha entregado su vida al Señor genuinamente; cuando somete su vida al señorío de Cristo Jesús, en fidelidad y plena obediencia.

Cuando ese hombre con sus más y con sus menos sabe que la respuesta de él, está en Dios, cuando decide romper paradigmas religiosos en cuanto a la búsqueda de Dios para su vida; esto es relación con Dios.

Ese hombre y cualquier hombre, sólo puede servir cuando es libre, por medio del Espíritu Santo de Dios para darse a los demás.

El liderazgo tiene una misión: trabajar de cerca con los hombres en la congregación, acompañarlos, edificarlos, corregirlos y guiarlos en el amor del Señor para que puedan ver la importancia de servir a aquel que los rescató; siendo parte del equipo de pescadores de hombres.

Veamos lo que Dios, por medio del Apóstol Juan, dice a aquellos hombres que han decidido servirle no importa dónde, ni cómo, ni cuándo solo que han dispuesto en su Corazón servir al Señor……cito al Apóstol en 3 de Juan versículo 5 Amado, fielmente te conduces cuando prestas algún servicio a los hermanos, especialmente a los desconocidos.

Un Hombre que sirve y se da en servicio solo puede lograrlo con una actitud correcta, la cual se hace evidente por lo que ha aprendido y hay de Cristo Jesús en su vida. No hay otra forma de servir en el reino de Dios, El no acepta otra clase de servicio, por eso el Apóstol dice “Fielmente te conduces; ¿fiel a qué? si no es a la enseñanza de los principios y valores de Dios, los cuales nos han sido enseñados por medio de su palabra. Esos principios y valores de fe enseñados, son los que hacen que hoy por la misericordia de Él, sean puestos en práctica por todos aquellos hombres que se reúnen en el templo, buscando la presencia de Dios para sus vidas. La reunión en el templo y el experimentar la presencia de Dios será la inspiración, para compartir con otros hombres de las maravillas de Dios.

Los hombres que sirven, son aquellos hombres que después de haber sido sanados reciben a otros hombres en el amor del Señor, motivándolos e invitándolos a que sigan el camino de la salvación, por medio de actividades para los hombres, que tengan que ver con el señorío de Dios en sus vidas, la restauración del sacerdocio perdido, lo que significa ser cabeza de hogar…….y uno de los puntos más importantes es hacerlos sentir, por medio de la entrega genuina y el servicio, que han llegado a una verdadera familia, a la familia del Señor y por ende ellos siempre serán bienvenidos, y de los cuales el Apóstol Juan habla en su epístola tercera, versículo 6… los cuales han dado ante la iglesia testimonio de tu amor; y harás bien en encaminarlos como es digno de su servicio a Dios...

Un hombre que se da al servicio de la obra de Dios, es un hombre productivo porque está en la posición de guiar, ya que Cristo Jesús es, ha sido y será siempre el maestro, del cual hemos aprendido y hemos sido instruidos en su palabra, hemos leído de sus maravillosos milagros y hemos sido testigos aún hasta el día de hoy, en la vida de cada hombre que ha decidido aceptar al Señor de corazón. Es por eso que los hombres que han sido restaurados y sanados de manera espiritual y algunos de manera física, deben acoger a aquellos hombres que están carentes de la verdad de Dios en sus vidas y guiarlos, enseñándoles de Cristo Jesús, como aconseja Juan en el verso 8 de la tercera epístola: “…Nosotros, pues, debemos acoger a tales personas, para que cooperemos con la verdad”.

Un hombre al servicio de Dios es un hombre que coopera en amor y con la verdad, estando lleno de misericordia por aquellos que están viviendo su proceso delante del Señor, y que puede seguir el ejemplo que se indica en nuestra lectura, en el versículo 11, “…Amado, no imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios.”

Un hombre que hace lo bueno es un hombre de Dios, ese es el hombre con el que Dios cuenta, para que su obra sea hecha, para que su señorío sea manifiesto, en una sociedad cada vez más carente de valores; por eso el hombre que sirve y se da en servicio a la obra de Dios, es un agente de cambio, que lucha por mantener sus principios y valores intactos, ante un mundo agresivo que trata de despojarnos de todo.