jueves, 11 de marzo de 2010

¿Cuándo un Hombre …..…...SIRVE?


Cuando ha entregado su vida al Señor genuinamente; cuando somete su vida al señorío de Cristo Jesús, en fidelidad y plena obediencia.

Cuando ese hombre con sus más y con sus menos sabe que la respuesta de él, está en Dios, cuando decide romper paradigmas religiosos en cuanto a la búsqueda de Dios para su vida; esto es relación con Dios.

Ese hombre y cualquier hombre, sólo puede servir cuando es libre, por medio del Espíritu Santo de Dios para darse a los demás.

El liderazgo tiene una misión: trabajar de cerca con los hombres en la congregación, acompañarlos, edificarlos, corregirlos y guiarlos en el amor del Señor para que puedan ver la importancia de servir a aquel que los rescató; siendo parte del equipo de pescadores de hombres.

Veamos lo que Dios, por medio del Apóstol Juan, dice a aquellos hombres que han decidido servirle no importa dónde, ni cómo, ni cuándo solo que han dispuesto en su Corazón servir al Señor……cito al Apóstol en 3 de Juan versículo 5 Amado, fielmente te conduces cuando prestas algún servicio a los hermanos, especialmente a los desconocidos.

Un Hombre que sirve y se da en servicio solo puede lograrlo con una actitud correcta, la cual se hace evidente por lo que ha aprendido y hay de Cristo Jesús en su vida. No hay otra forma de servir en el reino de Dios, El no acepta otra clase de servicio, por eso el Apóstol dice “Fielmente te conduces; ¿fiel a qué? si no es a la enseñanza de los principios y valores de Dios, los cuales nos han sido enseñados por medio de su palabra. Esos principios y valores de fe enseñados, son los que hacen que hoy por la misericordia de Él, sean puestos en práctica por todos aquellos hombres que se reúnen en el templo, buscando la presencia de Dios para sus vidas. La reunión en el templo y el experimentar la presencia de Dios será la inspiración, para compartir con otros hombres de las maravillas de Dios.

Los hombres que sirven, son aquellos hombres que después de haber sido sanados reciben a otros hombres en el amor del Señor, motivándolos e invitándolos a que sigan el camino de la salvación, por medio de actividades para los hombres, que tengan que ver con el señorío de Dios en sus vidas, la restauración del sacerdocio perdido, lo que significa ser cabeza de hogar…….y uno de los puntos más importantes es hacerlos sentir, por medio de la entrega genuina y el servicio, que han llegado a una verdadera familia, a la familia del Señor y por ende ellos siempre serán bienvenidos, y de los cuales el Apóstol Juan habla en su epístola tercera, versículo 6… los cuales han dado ante la iglesia testimonio de tu amor; y harás bien en encaminarlos como es digno de su servicio a Dios...

Un hombre que se da al servicio de la obra de Dios, es un hombre productivo porque está en la posición de guiar, ya que Cristo Jesús es, ha sido y será siempre el maestro, del cual hemos aprendido y hemos sido instruidos en su palabra, hemos leído de sus maravillosos milagros y hemos sido testigos aún hasta el día de hoy, en la vida de cada hombre que ha decidido aceptar al Señor de corazón. Es por eso que los hombres que han sido restaurados y sanados de manera espiritual y algunos de manera física, deben acoger a aquellos hombres que están carentes de la verdad de Dios en sus vidas y guiarlos, enseñándoles de Cristo Jesús, como aconseja Juan en el verso 8 de la tercera epístola: “…Nosotros, pues, debemos acoger a tales personas, para que cooperemos con la verdad”.

Un hombre al servicio de Dios es un hombre que coopera en amor y con la verdad, estando lleno de misericordia por aquellos que están viviendo su proceso delante del Señor, y que puede seguir el ejemplo que se indica en nuestra lectura, en el versículo 11, “…Amado, no imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios.”

Un hombre que hace lo bueno es un hombre de Dios, ese es el hombre con el que Dios cuenta, para que su obra sea hecha, para que su señorío sea manifiesto, en una sociedad cada vez más carente de valores; por eso el hombre que sirve y se da en servicio a la obra de Dios, es un agente de cambio, que lucha por mantener sus principios y valores intactos, ante un mundo agresivo que trata de despojarnos de todo.

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